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Mostrando entradas de 2024

Fuck You

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 Luca Prodan, a inicios de 1987, ya se sabía muerto. Lo que quedaba de él en este plano, le había pedido a su amigo, Rodrigo Espina, que grabara con su cámara los recitales programados con Sumo, porque no creía que llegara con vida al año siguiente.      Yo estoy yendo en el auto a ver parte de ese material, el último show en Obras Sanitarias, inédito hasta ahora. Voy bien predispuesto porque amo el otoño y porque el tránsito me favorece. Porque voy a reencontrarme con mi primo Sebastián y porque Sumo me maravilla. También por el atractivo de colar una salida un martes a la noche que venga a desapolillarme un poco la rutina. Pero, asimismo, llevo conmigo un nudo amargo en el estómago que me acompaña desde hace algunas semanas. Ayer, mi psicóloga me preguntó cómo estaba y le dije: “bien y mal; un bien y mal que no hacen un más o menos, sino que son eso, bien y mal, juntos, al mismo tiempo”. Pobre mujer, ya se debe estar cansando de mis boludeces.      E...

Francis Bacon

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      No es una noche fácil para Francis Bacon. Casi ninguna lo es últimamente. Un viento frío y punzante vaga errático por las calles de Nueva York y se cuela por las rendijas de su taller, pero a él parece no importarle. Está pintando descalzo, en calzoncillos y con una camisa de mangas cortas repleta de manchas de pintura. Sobre el piso helado hay tantos pomos de óleos y pinceles como botellas de Jack Daniels.       Tampoco es una noche fácil para George Dyer. Sabe que lo están buscando y que le convendría salir de Nueva York por un tiempo, pero está dispuesto a dar un último golpe. Uno grande, uno del que hablen todos en los sórdidos bares del Soho que frecuenta. La idea es entrar y hacerse de algunos lienzos del gran artista del momento. Está convencido de que Bacon estará en Washington acompañando a De Kooning en la inauguración de su retrospectiva, aunque, por las dudas, lleva encima su hermosa Colt 45, cromada y reluciente. Ama a esa pistola an...

Las duras campanadas fatales

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    Lo voy a lograr. Esta noche parece especialmente difícil, pero al final siempre lo logro. Lo que tengo que hacer es relajarme (qué fácil), tratar de no pensar en nada (ajá) y respirar. Eso, respirar. Respirar lento y pausado, si es posible. Aunque tampoco demasiado lento. Me debo estar pasando de lento porque siento que van aumentando de nuevo las pulsaciones y cuando me suben las pulsaciones, inmediatamente se me levantan los párpados, es como si tuviera que estar preparado para dar alguna batalla. Alerta es la palabra. Bueno, no pasa nada, vamos de nuevo; solamente por la nariz como dijo la chica del videíto de Tik Tok.       Pliinnc. ¿Qué fue eso? Qué no sea la canilla, por favor. Es raro que gotee la canilla, acá las cierran como si les fuera la vida en ello. Total después los cueritos me toca cambiarlos a mí. Pero es verdad que el último en bañarse fui yo. ¿La habré dejado mal cerrada? Como sea, no tengo que engancharme en eso, fue solo una gota. T...

La luz

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     Son las nueve de la mañana pero el calor que hace es por lo menos el de las once.  Llevo los brazos brillantes y me bajan algunas pequeñas gotas por las sienes. Debe ser que no hay nada de viento. Debe ser que ya llevo caminando más de una hora. Debe ser que no es un buen día.       Además de transpirado voy inquieto y algo molesto. Es uno de esos días en los que me es difícil pasar desapercibido. Las personas que me cruzo miran la cámara de fotos como si fuera una granada a punto de explotar. Es curioso eso, hay días en los que puedo andar totalmente mezclado con el ambiente y con la gente; días en los que nadie se fija en mí ni aunque vaya a los gritos pelados. Y hay otros, sin embargo, en los que parece que llevara colgado un cartel de “mírenme”. Nunca le pude encontrar una explicación racional a ese fenómeno. Lo descubrí aquí, caminando la playa hace ya varios años, y tiempo después pude confirmar que pasa en los trenes, en las salas de e...

Cyrano de Bergerac

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      El jueves pasado fui a ver Cyrano al teatro San Martín. Y no me gustó. Y la aplaudí como loco.       Entrar al San Martín tiene algo de mágico. Hay un misterio en esas salas, lindas y feas al mismo tiempo, que cautiva y perturba. Si además, uno va a sentarse durante tres horas, en un día de semana, a ver una obra escrita en versos alejandrinos a finales del siglo diecinueve, en una coyuntura absurda y distópica, la situación toma ribetes contraintuitivos y hasta, podríamos decir, de rebeldía.       Al teatro se le pone huevo. Para verlo y para hacerlo. El puma Goity estaba interpretando el papel de su vida y lo dejó clarísimo en escena. Los otros más de veinte actores y actrices, no se guardaron nada tampoco. Cada mínimo botón de los trajes, los sutiles bordados de las prendas y los detalles minuciosos de la impactante escenografía, demostraban el profesionalismo, la dedicación y el amor que le pusieron los carpinteros, costur...

El Payaso

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  El payaso Otra vez perro salchicha siempre perro salchicha azules, amarillos y rosas pero desnudos e iguales lánguidos y frágiles perros desnudos e iguales. ¿Y un corazón?, ¿no querés un corazón? No, perro salchicha. Ni pato, ni gato, ni conejo, ni espada, ni clave de sol. ¿Es perrito o perrita?, le preguntan si se pone contenta es perrita si se pone contento es perrito. Y él deja su esencia en cada uno el oxígeno que no le sobra se diluye en la jauría inquieta tensa y temblorosa y efímera.

Como los mosquitos

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           -No, medialunas a esta hora, no. De facturas, no me queda nada.      El tipo que me atiende es un pelirrojo muy pecoso, muy gay, muy amable, y se ofrece a llevarme el café con leche a la mesa. Elijo una del fondo y me siento exactamente a las 8 en punto de la noche. Lo sé porque lo veo en el televisor gigante que cuelga a mi costado y que transmite, a un volumen mucho más alto del que me gustaría, las noticias. Los conductores del programa parecen muy divertidos al tiempo que en el zócalo rojo se lee: “Nuevo deporte: salto de molinetes en Retiro”.      Tengo dos horas antes de ir a buscar a mi hija a la salida de un workshop de actuación y pienso aprovechar el tiempo para escribir un poco. A mi derecha, veo por la ventana el bar de barrio al que descarté antes de entrar acá. Parece tranquilo y cálido, pero tiene ventanas abiertas al exterior y como los mosquitos de mierda están insoportables, preferí el amparo y la p...

El Samovar

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     La tarde en La Boca está ruidosa y ardiente. Abril y Rocío curiosean chucherías en la feria y como veo que la cosa viene para largo, me abro paso entre los turistas, los cambiadores de dólares y los dobles de Maradona, y llego a la puerta del Samovar de Rasputín en busca de una cerveza salvadora.       Y ahí, de golpe, como de un rayo sombrío, me bajó todo.        Eran noches misteriosas y seductoramente sórdidas para tres adolescentes de zona norte. Nos bajábamos del 29 de madrugada y era como poner el pie en otro planeta. La niebla portuaria de la que habla el tango, apenas se interrumpía por unos pocos faroles de luz amarilla, casi naranja. Mi primo Sebastián y su amigo Roberto eran dos años mayores que yo y, por lo tanto, caminaban dos pasos adelante. Íbamos con algo de temor. Íbamos con muchas ganas. Íbamos erguidos sobre ese terreno inestable y oscuro que fueron los años noventa.       La excusa e...

Corvinas plateadas

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      2:30 AM y la costa está apaciblemente oscura. El sonido del mar es fuerte y constante, pero a esta hora, en esta noche de verano, cuenta como silencio. Voy caminando por la costanera y apenas unos metros más adentro, sobre la avenida Chiozza, todavía resuenan, perdidos, los ecos de una noche intensa. Ya van más de diez días de recorrer y fotografiar maratónicamente la playa y noto que mis piernas empiezan a exigir algo de respeto. A lo lejos, veo venir un taxi y al pararlo el chofer me abre la puerta delantera. “Mala suerte”, pienso.       -Tuviste buena suerte -me dice ni bien termino de cerrar la puerta. Lo miro un poco incrédulo y agrega:  -Te tocó el único taxista sanbernardino de todo el municipio. Quiero decir, nacido y vivido en San Bernardo.       El tipo parece ser buena gente y me cuenta entusiasmado lo que era vivir en la costa sesenta años atrás: “acá era todo médano”, “estos edificios ni existían”, “a la mañ...

Open

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      Mis mayores motivaciones ocurren de una manera muy caprichosa y alejada de toda lógica. El verano pasado, durante unas vacaciones en Córdoba, leí “Open”, la autobiografía de André Agassi (una de las mejores biografías que se hayan escrito y que recomiendo con vehemencia). En la primera página dice: “Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado”. A eso le  siguen trescientas páginas en las que explica militante y rigurosamente su desprecio por ese deporte que tanto lo martirizó de niño, de joven y de adulto.      Volví de Córdoba y al día siguiente me inscribí en el club para tomar clases. De tenis.       Y ahora juego al tenis todo el tiempo. A la hora de clases de los martes le agregué, casi sin darme cuenta, dos horas posteriores; después sumé los partidos de los sábados y a veces también, entrenamientos los jueves o viernes.    ...

En el inicio

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Apenas han pasado unas pocas horas del 2024. Las primeras dos, tres horitas se me fueron bebiendo, brindando, borrando y cuenta nuevando el año anterior. Me ocupé, concienzudamente, entre copa y copa, de hacer las paces con lo vivido en el 23 para recibir erguido la guerra que se avizora en el 24. Después vinieron otras dos, tres horitas de dormir bien, aunque es verdad que con alguna que otra interrupción; para encender el ventilador, para comprobar que estaba mejor con el ventilador apagado y para levantarme a apagarlo nuevamente.  Y ahí nomás, la tos. Una tos catarrosa, insistente y opresiva. Molesta, digamos. Una tos que empeoró al acostarme boca arriba, que volvió a empeorar al intentar dormir de costado y que finalmente siguió empeorando al querer dormir boca abajo. Mi mujer, santamente, me acarició en un momento la espalda en un gesto que podía significar tanto un “hey, corazón, tranquilo que ya pasa”, como un “hey, corazón, acá también queremos se...