La luz
Son las nueve de la mañana pero el calor que hace es por lo menos el de las once. Llevo los brazos brillantes y me bajan algunas pequeñas gotas por las sienes. Debe ser que no hay nada de viento. Debe ser que ya llevo caminando más de una hora. Debe ser que no es un buen día. Además de transpirado voy inquieto y algo molesto. Es uno de esos días en los que me es difícil pasar desapercibido. Las personas que me cruzo miran la cámara de fotos como si fuera una granada a punto de explotar. Es curioso eso, hay días en los que puedo andar totalmente mezclado con el ambiente y con la gente; días en los que nadie se fija en mí ni aunque vaya a los gritos pelados. Y hay otros, sin embargo, en los que parece que llevara colgado un cartel de “mírenme”. Nunca le pude encontrar una explicación racional a ese fenómeno. Lo descubrí aquí, caminando la playa hace ya varios años, y tiempo después pude confirmar que pasa en los trenes, en las salas de e...