Corvinas plateadas
2:30 AM y la costa está apaciblemente oscura. El sonido del mar es fuerte y constante, pero a esta hora, en esta noche de verano, cuenta como silencio. Voy caminando por la costanera y apenas unos metros más adentro, sobre la avenida Chiozza, todavía resuenan, perdidos, los ecos de una noche intensa. Ya van más de diez días de recorrer y fotografiar maratónicamente la playa y noto que mis piernas empiezan a exigir algo de respeto. A lo lejos, veo venir un taxi y al pararlo el chofer me abre la puerta delantera. “Mala suerte”, pienso. -Tuviste buena suerte -me dice ni bien termino de cerrar la puerta. Lo miro un poco incrédulo y agrega: -Te tocó el único taxista sanbernardino de todo el municipio. Quiero decir, nacido y vivido en San Bernardo. El tipo parece ser buena gente y me cuenta entusiasmado lo que era vivir en la costa sesenta años atrás: “acá era todo médano”, “estos edificios ni existían”, “a la mañ...