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Mostrando entradas de enero, 2024

Corvinas plateadas

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      2:30 AM y la costa está apaciblemente oscura. El sonido del mar es fuerte y constante, pero a esta hora, en esta noche de verano, cuenta como silencio. Voy caminando por la costanera y apenas unos metros más adentro, sobre la avenida Chiozza, todavía resuenan, perdidos, los ecos de una noche intensa. Ya van más de diez días de recorrer y fotografiar maratónicamente la playa y noto que mis piernas empiezan a exigir algo de respeto. A lo lejos, veo venir un taxi y al pararlo el chofer me abre la puerta delantera. “Mala suerte”, pienso.       -Tuviste buena suerte -me dice ni bien termino de cerrar la puerta. Lo miro un poco incrédulo y agrega:  -Te tocó el único taxista sanbernardino de todo el municipio. Quiero decir, nacido y vivido en San Bernardo.       El tipo parece ser buena gente y me cuenta entusiasmado lo que era vivir en la costa sesenta años atrás: “acá era todo médano”, “estos edificios ni existían”, “a la mañ...

Open

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      Mis mayores motivaciones ocurren de una manera muy caprichosa y alejada de toda lógica. El verano pasado, durante unas vacaciones en Córdoba, leí “Open”, la autobiografía de André Agassi (una de las mejores biografías que se hayan escrito y que recomiendo con vehemencia). En la primera página dice: “Juego al tenis para ganarme la vida, aunque odio el tenis, lo detesto con una oscura y secreta pasión, y siempre lo he detestado”. A eso le  siguen trescientas páginas en las que explica militante y rigurosamente su desprecio por ese deporte que tanto lo martirizó de niño, de joven y de adulto.      Volví de Córdoba y al día siguiente me inscribí en el club para tomar clases. De tenis.       Y ahora juego al tenis todo el tiempo. A la hora de clases de los martes le agregué, casi sin darme cuenta, dos horas posteriores; después sumé los partidos de los sábados y a veces también, entrenamientos los jueves o viernes.    ...

En el inicio

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Apenas han pasado unas pocas horas del 2024. Las primeras dos, tres horitas se me fueron bebiendo, brindando, borrando y cuenta nuevando el año anterior. Me ocupé, concienzudamente, entre copa y copa, de hacer las paces con lo vivido en el 23 para recibir erguido la guerra que se avizora en el 24. Después vinieron otras dos, tres horitas de dormir bien, aunque es verdad que con alguna que otra interrupción; para encender el ventilador, para comprobar que estaba mejor con el ventilador apagado y para levantarme a apagarlo nuevamente.  Y ahí nomás, la tos. Una tos catarrosa, insistente y opresiva. Molesta, digamos. Una tos que empeoró al acostarme boca arriba, que volvió a empeorar al intentar dormir de costado y que finalmente siguió empeorando al querer dormir boca abajo. Mi mujer, santamente, me acarició en un momento la espalda en un gesto que podía significar tanto un “hey, corazón, tranquilo que ya pasa”, como un “hey, corazón, acá también queremos se...