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Champagne

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  Los gustos hay que saber dárselos en vida. Y digo saber, porque puede llegar a no ser tan fácil como parece.      A finales del año 2023, me regalaron una regia botella de champagne. De esas que son importadas, que vienen en caja de madera y que traen delicados ornamentos plateados y dorados. Yo de champagne entiendo menos que de biotecnología, pero me prometieron que beberlo sería una experiencia inigualable, una suerte de Kairós prodigioso que vendría a separar a mi ya hipertransitada vida etílica en un antes y después.       Me sentí tan entusiasmado que esa misma noche lo puse en la heladera con la idea de abrirlo y festejar a la primera ocasión o cosa medianamente buena que nos sucediera.      A los pocos días festejamos el año nuevo, pero acordamos con mi mujer no llevarlo a la reunión; creímos que era mejor dejarlo para algo más íntimo, algún festejo que nos involucrara a nosotros o a nuestros hijos.      Y e...

Fuck You

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 Luca Prodan, a inicios de 1987, ya se sabía muerto. Lo que quedaba de él en este plano, le había pedido a su amigo, Rodrigo Espina, que grabara con su cámara los recitales programados con Sumo, porque no creía que llegara con vida al año siguiente.      Yo estoy yendo en el auto a ver parte de ese material, el último show en Obras Sanitarias, inédito hasta ahora. Voy bien predispuesto porque amo el otoño y porque el tránsito me favorece. Porque voy a reencontrarme con mi primo Sebastián y porque Sumo me maravilla. También por el atractivo de colar una salida un martes a la noche que venga a desapolillarme un poco la rutina. Pero, asimismo, llevo conmigo un nudo amargo en el estómago que me acompaña desde hace algunas semanas. Ayer, mi psicóloga me preguntó cómo estaba y le dije: “bien y mal; un bien y mal que no hacen un más o menos, sino que son eso, bien y mal, juntos, al mismo tiempo”. Pobre mujer, ya se debe estar cansando de mis boludeces.      E...

Francis Bacon

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      No es una noche fácil para Francis Bacon. Casi ninguna lo es últimamente. Un viento frío y punzante vaga errático por las calles de Nueva York y se cuela por las rendijas de su taller, pero a él parece no importarle. Está pintando descalzo, en calzoncillos y con una camisa de mangas cortas repleta de manchas de pintura. Sobre el piso helado hay tantos pomos de óleos y pinceles como botellas de Jack Daniels.       Tampoco es una noche fácil para George Dyer. Sabe que lo están buscando y que le convendría salir de Nueva York por un tiempo, pero está dispuesto a dar un último golpe. Uno grande, uno del que hablen todos en los sórdidos bares del Soho que frecuenta. La idea es entrar y hacerse de algunos lienzos del gran artista del momento. Está convencido de que Bacon estará en Washington acompañando a De Kooning en la inauguración de su retrospectiva, aunque, por las dudas, lleva encima su hermosa Colt 45, cromada y reluciente. Ama a esa pistola an...

Las duras campanadas fatales

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    Lo voy a lograr. Esta noche parece especialmente difícil, pero al final siempre lo logro. Lo que tengo que hacer es relajarme (qué fácil), tratar de no pensar en nada (ajá) y respirar. Eso, respirar. Respirar lento y pausado, si es posible. Aunque tampoco demasiado lento. Me debo estar pasando de lento porque siento que van aumentando de nuevo las pulsaciones y cuando me suben las pulsaciones, inmediatamente se me levantan los párpados, es como si tuviera que estar preparado para dar alguna batalla. Alerta es la palabra. Bueno, no pasa nada, vamos de nuevo; solamente por la nariz como dijo la chica del videíto de Tik Tok.       Pliinnc. ¿Qué fue eso? Qué no sea la canilla, por favor. Es raro que gotee la canilla, acá las cierran como si les fuera la vida en ello. Total después los cueritos me toca cambiarlos a mí. Pero es verdad que el último en bañarse fui yo. ¿La habré dejado mal cerrada? Como sea, no tengo que engancharme en eso, fue solo una gota. T...

La luz

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     Son las nueve de la mañana pero el calor que hace es por lo menos el de las once.  Llevo los brazos brillantes y me bajan algunas pequeñas gotas por las sienes. Debe ser que no hay nada de viento. Debe ser que ya llevo caminando más de una hora. Debe ser que no es un buen día.       Además de transpirado voy inquieto y algo molesto. Es uno de esos días en los que me es difícil pasar desapercibido. Las personas que me cruzo miran la cámara de fotos como si fuera una granada a punto de explotar. Es curioso eso, hay días en los que puedo andar totalmente mezclado con el ambiente y con la gente; días en los que nadie se fija en mí ni aunque vaya a los gritos pelados. Y hay otros, sin embargo, en los que parece que llevara colgado un cartel de “mírenme”. Nunca le pude encontrar una explicación racional a ese fenómeno. Lo descubrí aquí, caminando la playa hace ya varios años, y tiempo después pude confirmar que pasa en los trenes, en las salas de e...

Cyrano de Bergerac

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      El jueves pasado fui a ver Cyrano al teatro San Martín. Y no me gustó. Y la aplaudí como loco.       Entrar al San Martín tiene algo de mágico. Hay un misterio en esas salas, lindas y feas al mismo tiempo, que cautiva y perturba. Si además, uno va a sentarse durante tres horas, en un día de semana, a ver una obra escrita en versos alejandrinos a finales del siglo diecinueve, en una coyuntura absurda y distópica, la situación toma ribetes contraintuitivos y hasta, podríamos decir, de rebeldía.       Al teatro se le pone huevo. Para verlo y para hacerlo. El puma Goity estaba interpretando el papel de su vida y lo dejó clarísimo en escena. Los otros más de veinte actores y actrices, no se guardaron nada tampoco. Cada mínimo botón de los trajes, los sutiles bordados de las prendas y los detalles minuciosos de la impactante escenografía, demostraban el profesionalismo, la dedicación y el amor que le pusieron los carpinteros, costur...

El Payaso

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  El payaso Otra vez perro salchicha siempre perro salchicha azules, amarillos y rosas pero desnudos e iguales lánguidos y frágiles perros desnudos e iguales. ¿Y un corazón?, ¿no querés un corazón? No, perro salchicha. Ni pato, ni gato, ni conejo, ni espada, ni clave de sol. ¿Es perrito o perrita?, le preguntan si se pone contenta es perrita si se pone contento es perrito. Y él deja su esencia en cada uno el oxígeno que no le sobra se diluye en la jauría inquieta tensa y temblorosa y efímera.